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¿Cuál es el papel de la lengua?

¿Cuál es el papel de la lengua?

La lengua es uno de los componentes de la cavidad oral, también conocida como boca, que es donde comienza el sistema digestivo. Este sistema se encarga de incorporar los alimentos, disolverlos, absorber sus nutrientes y eliminar los residuos producidos por estos procesos. La lengua es el órgano del gusto, y trabaja en conjunto con los dientes para dividir los alimentos.

La saliva, un líquido segregado por las glándulas salivales mayores y menores, lubrica la lengua y es esencial para la integridad de los tejidos orales blandos y duros, el procesamiento de los alimentos para darles forma y tragar el bolo alimenticio, y el control de las infecciones orales.

¿Cuál es el papel de la lengua?

La lengua interviene tanto en el proceso de disolución de un alimento para nutrirnos como en el disfrute y exploración del mismo a través del sentido del gusto.

El papel de la lengua es:

  • Envolver el alimento con saliva.
  • Mejorar la descomposición del alimento, añadirle enzimas.
  • Mover el alimento dentro de la boca para que pueda ser triturado por los dientes.
  • Las papilas gustativas sirven para detectar los sabores.
  • Los alimentos que son demasiado grandes para entrar en la boca, son lamidos.
  • Cuando los labios se han manchado, límpialos.
  • Cuando los labios están rígidos, se humedecen.

La lengua y el sentido del gusto

La lengua se encarga de informarnos sobre las propiedades de los alimentos que introducimos en nuestro cuerpo. Por ejemplo, podemos sentir una barra de helado sin tener que meterla en la boca, ya que se puede extender. Conoceremos la textura, la temperatura, la dureza, la consistencia y el sabor del alimento.

La lengua, que proporciona el sentido del gusto, trabaja en tándem con el sentido del olfato, que capta las partículas liberadas y disueltas en el aire, recogiendo información en la proximidad inmediata del alimento. El olor que desprenden los alimentos viaja a través de la nasofaringe (el espacio entre la nariz y la boca) hasta las células olfativas.

Los alimentos pueden saborearse gracias al sentido del gusto. Saborear es detectar una sensación alimentaria adquirida a través de los sentidos del gusto y del olfato. Las sustancias deben llegar a la boca, disolverse en la saliva y entrar en contacto con la lengua para que sean efectivas. La lengua empuja los alimentos en la boca, ayudando a saborearlos y triturándolos con los dientes.

Los estímulos químicos influyen en cómo experimentamos el sabor de los alimentos. El sentido del olfato representa el 80% de lo que se detecta como sabor. Por eso perdemos el sentido del gusto cuando estamos resfriados. Como las vías respiratorias están parcialmente bloqueadas, no es posible la interacción química con los aromas.

Las papilas gustativas y la lengua

Las papilas gustativas son receptores que se distribuyen en varias regiones de la lengua. Hay cinco tipos de papilas gustativas. Éstas son capaces de detectar una variedad de sabores que se han clasificado en función de la estimulación gustativa que proporcionan:

  • Los sabores dulces, salados y umami atraen al paladar.
  • El amargo y el ácido son dos sabores aversivos.

El dulzor de los alimentos proviene de los hidratos de carbono que contienen. La fructosa se detecta en los plátanos, la sacarosa en los caramelos y la dextrosa, que es glucosa procesada industrialmente, en las bebidas carbonatadas.

El contenido de sal mineral en los alimentos les da un sabor salado. El cloruro de sodio se utiliza en la cocina para mejorar la experiencia general de lo que se está cocinando.

La identificación de los aminoácidos en las proteínas produce el sabor umami. Kikune Ikeda, un erudito japonés, lo descubrió a principios del siglo XX. Se puede añadir glutamato monosódico a los alimentos para aumentar su estimulación.

Se puede observar el sabor amargo de los productos químicos tóxicos, las toxinas y los venenos. Los alcaloides de las plantas, como la teobromina y la cafeína, son ejemplos de compuestos relajantes.

La inmadurez de las frutas o la putrefacción de los alimentos provocan un sabor agrio. Se debe al contenido de ácido ascórbico (vitamina C) o ácido cítrico.

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